Compositor: Giuseppe Verdi
Género: Drama lírico / tragedia en cuatro actos
Otello, general y gobernador de Chipre, regresa victorioso de la guerra y se reúne con su esposa Desdémona, a quien ama profundamente. Sin embargo, a su lado se encuentra Yago, resentido porque Otello ha ascendido a Cassio en su lugar.
Yago comienza entonces una paciente obra de destrucción. Primero provoca la caída en desgracia de Cassio y después induce a Desdémona a interceder por él ante su marido. A partir de allí comienza a sembrar en Otello la sospecha de que ambos son amantes.
No necesita grandes mentiras. Insinuaciones, silencios y pequeñas pruebas manipuladas son suficientes. Un pañuelo que Otello había regalado a Desdémona termina deliberadamente en manos de Cassio y se convierte para él en la prueba definitiva de una traición que nunca existió.
Los celos comienzan a devorar a Otello. El gran militar, capaz de comandar ejércitos y vencer enemigos, resulta incapaz de dominar la batalla que ocurre dentro de sí mismo.
Desdémona intenta desesperadamente comprender qué sucede, pero ya ha sido condenada dentro de la imaginación de su marido. En el último acto, después de cantar su conmovedora Canción del sauce y rezar el Ave Maria, Otello entra en su habitación y la mata.
Cuando Emilia revela finalmente la trama de Yago y demuestra la inocencia de Desdémona, Otello comprende el horror de lo que ha hecho. Incapaz de vivir con su crimen, se quita la vida junto al cuerpo de la mujer que amaba.
Esta fue la segunda vez que vi Otello y quizás por conocer ya la historia pude observar algo que anteriormente no había percibido con tanta intensidad.
Yago no es simplemente un villano. Es casi la representación del diablo.
Pero el diablo nunca entra si uno no le abre la puerta.
Yago no crea realmente los celos de Otello: descubre que ya existen dentro de él y los alimenta. Apenas necesita insinuar, sugerir y sembrar pequeñas dudas. Otello hace todo el resto.
Eso vuelve la obra por momentos casi insoportable. Uno quisiera detenerlo, obligarlo a escuchar a Desdémona, hacerle comprender que está construyendo una realidad únicamente con sus propios temores. Pero Otello parece preferir aquello que confirma sus sospechas antes que escuchar a la mujer que dice amar.
El gran general que puede dominar ejércitos resulta incapaz de gobernar sus propias pasiones.
Y allí reside para mí la verdadera tragedia.
Si Otello simplemente fuera destruido por sus celos, su final podría parecer incluso una forma de justicia. Pero antes de caer arrastra consigo a Desdémona, completamente inocente.
Ella muere por una oscuridad que nunca le perteneció.
El arrepentimiento final de Otello llega demasiado tarde. Puede comprender su error, puede castigarse e incluso recuperar cierta dignidad al reconocer lo que hizo, pero existe algo que ya resulta imposible reparar: Desdémona está muerta.
La puesta en escena de esta función me pareció adecuada, aunque preferí la de la primera vez que presencié la obra. Sin embargo, aquí la escenografía termina siendo secundaria. El verdadero escenario de Otello está dentro de la mente de su protagonista.
Reflexión
Quizás lo más perturbador de la obra sea que Yago consigue algo mucho más terrible que transformar a un hombre bueno en un monstruo.
Consigue que Otello haga el mal convencido de que está haciendo justicia.
El honor, los celos y el amor se deforman hasta justificar el asesinato de una inocente.
Yago abre la puerta, pero es Otello quien decide atravesarla.
Por eso la obra no habla solamente del poder destructivo de los celos. Habla también de nuestra capacidad para construir una realidad a partir de nuestros temores y terminar creyendo en ella con más fuerza que en la propia verdad.
Excelente